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Jugar ayuda al bienestar — Bienestar, 7–10 años

Jugar da a los niños espacio para moverse, imaginar, practicar la amistad y disfrutar del presente.

Lo que nos da el juego

Jugar es un tiempo para explorar, imaginar o inventar reglas porque la actividad importa por sí misma. Puede dar energía al cuerpo, creatividad a la mente y fuerza a las relaciones. No tiene que ser una competición ni producir algo.

Por qué importa jugar

Los niños siempre han jugado para practicar habilidades de la vida real sin sufrir todas las consecuencias de los errores reales. Una tienda de mentira permite ensayar hablar, contar y elegir; un juego de persecución practica fijarse en los demás. Así se aprende sin perder la curiosidad ni el disfrute.

Un juego paso a paso

Mia y Leo inventan un juego para construir un puente con seis vasos de papel y un libro. Primero deciden que debe sostener un coche de juguete. Después prueban dos diseños y observan que una base ancha es más estable. Cuando el primer puente cae, cambian una parte y vuelven a probar. Juegan, pero también planifican y aprenden.

Jugar no es solo ganar

Es fácil pensar que un juego solo merece la pena cuando ganas, consigues más puntos o haces lo mejor. Es comprensible porque muchos juegos tienen ganadores y reglas claras. Sin embargo, si ganar es el único objetivo, podemos dejar de probar cosas o excluir a otros. Un buen juego puede importar aunque nadie gane.

Jugar fuera de la escuela

El juego aparece al construir con bloques, inventar historias, jugar a juegos de mesa, dibujar, hacer música y jugar a imaginar. En casa o al aire libre, ayuda a conectar sin necesitar una lección especial. Los adultos también juegan: los actores ensayan papeles, los diseñadores prueban ideas y los equipos practican cómo colaborar.

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