Afrontar los cambios — Bienestar, 7–10 años
Los cambios pueden inquietar, pero fijarse en lo que permanece y dar el siguiente paso pequeño puede ayudar.
El cambio tiene dos partes
Un cambio ocurre cuando algo de tu situación, rutina o relaciones se vuelve diferente. Puede traer ilusión, pérdida, alivio o varios sentimientos a la vez. Afrontarlo no significa fingir que te gusta. Significa descubrir qué sigue bajo tu control y aprender la nueva forma del día.
Por qué cuesta el cambio
Al cerebro le gustan los patrones porque los pasos conocidos ahorran esfuerzo y ayudan a predecir lo siguiente. Cuando un profesor cambia el horario o una familia se muda, esa predicción deja de funcionar de inmediato. Una forma de afrontar el cambio responde a ese problema: conservar algunos puntos de apoyo, preguntar qué ocurrirá y aprender un paso cada vez.
Un nuevo día de colegio
El lunes, la clase se traslada a otra sala. Sam se siente desorientado. Primero mira el mapa del colegio y recorre el camino con un amigo. Después elige un objeto conocido para dejar en su mesa y pregunta dónde van los abrigos. A la hora de comer, puede nombrar una cosa que cambió y dos que siguen igual. La sala es nueva, pero el día resulta más comprensible.
El cambio no siempre es malo
Un error comprensible es decidir que todo cambio incómodo es malo, o que sentir preocupación demuestra que saldrá mal. La mente suele usar el malestar como aviso, y a veces los avisos importan. Pero el malestar también puede significar que algo es desconocido. Comprueba los hechos, fíjate en lo que necesitas y date tiempo antes de juzgar todo el cambio.
Cambios que encontramos
Los niños encuentran cambios cuando un amigo pasa a otra clase, cierra una tienda favorita, llega un entrenador nuevo o se modifica un viaje. Los adultos usan el mismo enfoque al empezar un trabajo, mudarse o aprender un sistema nuevo. Mantener una rutina conocida mientras se aprenden las partes nuevas puede hacer el cambio más llevadero.
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