Imaginar y ser real son cosas distintas — Psicología, 4–6 años
La imaginación nos permite inventar personas, lugares y acontecimientos en la mente. El juego imaginario puede sentirse emocionante, mientras una parte de nosotros sabe que el dragón o la tienda no están allí de verdad.
Dos maneras de saber
Cuando imaginamos, usamos un objeto real de una manera inventada: una caja de cartón puede convertirse en un coche. Podemos disfrutar del mundo imaginario y seguir sabiendo que la caja es una caja y que no se mueve ningún coche real.
Por qué ayuda el juego imaginario
Los niños siempre han usado el juego imaginario para probar ideas demasiado grandes, lejanas o inseguras para hacerlas de verdad. Les ofrece una forma de practicar papeles, palabras y problemas manteniendo un puente con el mundo real.
El dragón de la manta
Nora pone una manta sobre dos sillas y la llama la cueva de un dragón. Se mete dentro, da voz al dragón y pide a su hermano que traiga comida. Cuando le preguntan si hay un dragón real, responde: «No, estamos imaginando», y continúa jugando.
Sentimientos fuertes al imaginar
Un monstruo imaginario puede hacer que el corazón de un niño lata deprisa, y un accidente inventado puede hacerle llorar. Eso no significa que la historia sea real; el cuerpo puede reaccionar a un peligro o acontecimiento imaginado como si importara, sobre todo cuando el juego parece muy vivo.
Usar la imaginación con cuidado
El juego imaginario aparece al disfrazarse, dibujar, construir mundos y representar una historia. Sirve para probar ideas y compartir juegos, pero las normas reales de seguridad siguen siendo necesarias: un fuego imaginario no hace seguro tocar un fuego de verdad.
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