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Las historias pueden tener un problema y una solución — Lengua, 4–6

Muchas historias se entienden mejor cuando algo sale mal y alguien intenta arreglarlo. Tú puedes fijarte en el problema, en los intentos y en el momento en que todo cambia.

El problema da a la historia algo que resolver

En muchas historias, un personaje quiere algo, pero aparece una dificultad. La historia sigue lo que el personaje intenta hacer, y una solución puede mejorar la situación. El final no tiene que ser perfecto, pero algo ha cambiado.

¿Por qué fijarse en el problema?

Sin el problema, las acciones de un personaje pueden parecer un montón de hechos sin relación. Quien cuenta historias usa un problema para darles una razón: el personaje intenta llegar, encontrar, salvar o entender algo. Si lo descubres, puedes imaginar mejor qué pasará después.

Una historia sobre un osito perdido

Primero, Ana quiere dormir, pero no encuentra su osito: ese es el problema. Después, busca debajo de la cama y en la caja de juguetes, pero solo encuentra un zapato. Luego, su hermano oye un sonido suave y encuentran el osito dentro de la cesta de la ropa. El problema se resuelve porque Ana puede abrazarlo otra vez.

La primera dificultad no siempre es todo el problema

Puedes llamar problema a cada pequeño hecho, porque cada uno hace que la historia sea más difícil durante un momento. Es comprensible: un zapato mojado y una puerta cerrada son dificultades de verdad. Pregúntate: «¿Qué intenta mejorar el personaje?». La respuesta suele ser el problema principal.

Encontrar el problema en historias reales

Cuando cuentas que has perdido una pelota, roto un juguete o que una semilla no crece, decir cuál es el problema ayuda a que te sigan. Después puedes contar qué intentaste y qué ocurrió. Esto sirve jugando, en casa y cuando explicas algo en la escuela.

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