Amabilidad y respetar los turnos — Bienestar, 4–6 años
Los niños aprenden que respetar los turnos y tener en cuenta a los demás hace que jugar juntos sea seguro y agradable para todos.
Dejar sitio a los demás
Ser amable significa darse cuenta de que las demás personas también tienen necesidades y sentimientos, y elegir una acción que no les haga daño ni las deje fuera. Respetar los turnos es una forma de compartir el tiempo y los juguetes. No significa renunciar siempre; significa hacer que el juego sea bastante justo para todos.
¿Por qué compartir los turnos?
Sin respetar los turnos, la persona más rápida o ruidosa puede quedarse con todo, mientras los demás esperan, discuten o dejan de participar. La idea de turnarse resuelve ese problema: cada persona tiene una oportunidad clara y es más fácil confiar en las reglas. Las acciones amables ayudan al grupo a seguir unido después de pequeños desacuerdos.
Un turno justo
Cuatro niños quieren el mismo patinete rojo. Primero, un adulto les ayuda a hacer una fila: Ana, Ben, Chiara y después Dani. Cada niño lo usa durante tres minutos mientras los demás esperan con seguridad. Después de los tres minutos de Ana, ella aparca el patinete y Ben toma el siguiente turno, así todos saben qué ocurrirá.
La trampa: ser amable es ceder siempre
Un niño puede pensar que ser amable significa dejar que otra persona vaya siempre primero. Es una idea comprensible, porque compartir y dar pueden parecer gestos cariñosos, sobre todo si alguien está triste. Pero tu turno también importa; ser amable puede significar seguir un orden justo o buscar otro juego que incluya a los dos.
La amabilidad más allá de los juegos
Respetar los turnos ayuda en los columpios, toboganes, juegos de mesa, cuentos y al elegir una canción en el coche. La amabilidad también aparece al guardar un sitio, sujetar una puerta o notar que un amigo necesita espacio. Estas acciones funcionan mejor si son seguras y no exigen regalar algo que te pertenece.
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