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La luz se refleja en las superficies — Educación física, 11–13 años

Ver una imagen en un espejo es un ejemplo de reflexión: la luz cambia de dirección en una superficie y después llega a tus ojos. El ángulo de llegada y el de salida son iguales.

La luz rebota en una superficie

Cuando la luz llega a una superficie, parte de ella, o toda, puede cambiar de dirección y alejarse: eso es reflexión. Una superficie lisa envía los rayos cercanos en direcciones ordenadas y puede formar una imagen clara. Una superficie rugosa dispersa los rayos, por lo que suele verse brillante, pero no funciona como un espejo.

¿Por qué necesitamos la reflexión?

Un objeto no es visible si la luz que sale de él no llega a tus ojos. La reflexión explica cómo la luz de una habitación oscura, una señal de tráfico o un espejo puede desviarse hacia ti. Medir ángulos permite predecir adónde irá la luz en vez de depender de tanteos.

Usar ángulos iguales

Dibuja una línea recta para representar el espejo y una normal perpendicular en el punto donde llega el rayo. Si el rayo incidente forma 35° con la normal, marca 35° al otro lado y dibuja allí el rayo reflejado. Saldrá a 35° de la normal, aunque los rayos formen otro ángulo con el espejo.

Se mide desde la normal

Un error frecuente es medir el ángulo desde la superficie del espejo, porque es la línea que se ve con más facilidad. La regla usa la normal, una línea imaginaria perpendicular a la superficie. Si el rayo está a 30° de la normal, está a 60° de la superficie: los dos números pueden ser correctos, pero responden a preguntas distintas.

La reflexión nos ayuda a ver y apuntar

Los espejos usan reflexión ordenada para formar imágenes, mientras que los reflectores de las bicicletas devuelven la luz de los faros hacia los conductores. Los periscopios usan varias reflexiones para ver por encima de un obstáculo. Las señales de tráfico están diseñadas para reflejar mucho hacia una dirección útil, especialmente de noche.

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