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Saber, creer y adivinar — Filosofía, 7–10 años

Aprende a distinguir lo que sabes, lo que crees y lo que solo estás adivinando. Así puedes ser sincero sobre lo seguras que son realmente tus ideas.

Tres grados de seguridad

A veces has comprobado algo y lo sabes, como saber que el hielo se derrite en una habitación caliente. Otras veces aceptas una idea porque parece probable, pero puedes equivocarte. También puedes adivinar cuando no tienes suficiente información.

¿Por qué distinguirlos?

A menudo hablamos como si todos nuestros pensamientos fueran hechos. Eso puede difundir rumores, provocar discusiones o llevar a decisiones poco seguras. Los filósofos empezaron a preguntar cómo saber si una idea tiene apoyo suficiente para ser conocimiento y no solo una creencia o una adivinanza.

Una acera mojada

Paso 1: Ves que la acera está mojada. Paso 2: Dices que quizá ha llovido; es una creencia razonable, pero todavía no un conocimiento seguro. Paso 3: Miras el registro meteorológico y descubres que cayeron 12 mm durante la noche. Tu creencia tiene ahora buenas pruebas, pero decir quién abrió el grifo seguiría siendo una adivinanza.

Sentirse seguro no es una prueba

Un error común es tratar la seguridad como una prueba: si una idea parece evidente, debe ser cierta. Es comprensible, porque las adivinanzas rápidas a menudo nos ayudan a actuar. Pero la memoria puede fallar y las apariencias engañar; pregunta qué has comprobado y qué podría demostrar que te equivocas.

Antes de compartir un mensaje

Cuando un mensaje cuenta que ha ocurrido algo extraño, separa lo que sabes de lo que sospechas. Busca la fuente original, comprueba la fecha y compárala con otra fuente fiable. Decir todavía no lo sé es más útil que presentar una adivinanza como si fuera un hecho.

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