Brasil y el oro en el siglo XVIII — Historia, 11–13
Por qué Brasil era tan importante para Portugal en el siglo XVIII, y a qué coste humano. Historia, 11–13 años.
La colonia que sostenía el reino
En el siglo XVIII Brasil era la colonia más importante de Portugal. Del nordeste venía el azúcar, cultivado en grandes plantaciones. A finales del siglo XVII se descubrió oro en Minas Gerais y, más tarde, diamantes. Barcos cargados de oro y azúcar llegaban a Lisboa, y esa riqueza se convirtió en la principal fuente de ingresos de la Corona.
Quién hacía el trabajo
Las plantaciones y las minas exigían mucha mano de obra, y fue ella la que sostuvo esta riqueza: millones de africanos fueron capturados, vendidos y transportados a la fuerza a Brasil durante el período colonial, y obligados a trabajar como esclavizados. La trata de personas esclavizadas fue así inseparable del azúcar y del oro — y una de las mayores migraciones forzadas de la historia.
Un caso: el camino del oro
Paso 1: se descubre oro en Minas Gerais y miles de personas acuden a la región. Paso 2: el oro se extrae, sobre todo por personas esclavizadas. Paso 3: la Corona cobra el «quinto»: una quinta parte de todo el oro pertenece al rey. Paso 4: el oro viaja en barcos hasta Lisboa, donde el rey lo gasta en obras y compras sin necesidad de pedir dinero a nadie más.
La trampa: contar solo la riqueza
Es tentador contar solo la parte «buena» —los edificios, el oro, el comercio— y dejar fuera a quien pagó el precio. Contar la riqueza sin el trabajo forzado es contar solo media historia. Y la riqueza también estuvo mal repartida: se concentró sobre todo en la Corona y en unos pocos comerciantes y nobles, y no mejoró la vida de la mayor parte de la población.
Dónde se puede ver esto todavía hoy
Brasil es hoy el país con más hablantes de portugués del mundo, y muchas palabras, comidas y músicas portuguesas y brasileñas tienen orígenes comunes — incluidas aportaciones africanas. En Portugal, la riqueza del siglo XVIII se ve en la talla dorada de muchas iglesias barrocas, como la Iglesia de São Francisco, en Oporto, cuyo interior está cubierto de talla dorada.
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