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Portugal en el siglo XIII: sociedad y fronteras — Historia, 11–13

Cómo se organizaba la sociedad portuguesa medieval, y cómo se fijaron las fronteras que todavía hoy reconocemos.

Tres grupos, un territorio

En el siglo XIII, la sociedad portuguesa se dividía en tres grandes grupos: el clero, que rezaba y gestionaba tierras de la Iglesia; la nobleza, que poseía tierras y luchaba; y el pueblo, que trabajaba la tierra y sostenía a los otros dos con su trabajo. En ciudades y en el campo vivían también comunidades judías y musulmanas, con sus propias leyes y barrios.

Por qué sociedad y territorio van de la mano

La forma en que la sociedad estaba organizada —quién tenía tierra, quién pagaba impuestos, quién luchaba— está directamente ligada a cómo se usaba y defendía el territorio. También fue en el siglo XIII cuando Portugal fijó, por primera vez de forma clara, sus límites con los reinos de León y Castilla, un proceso que ocurrió al mismo tiempo que la sociedad se organizaba.

Un caso: el Tratado de Alcañices

Paso 1: a lo largo del siglo XIII, Portugal y Castilla disputan pequeñas áreas fronterizas, con avances y retrocesos. Paso 2: los dos reinos negocian para acabar con estas disputas. Paso 3: en 1297, firman el Tratado de Alcañices, que fija la frontera entre los dos países. Paso 4: esa frontera se mantuvo, con pocos cambios, hasta hoy —una de las más antiguas de Europa.

La trampa: pensar que solo importaba la nobleza

Los libros de historia hablan a menudo de reyes y nobles, porque son quienes aparecen en los documentos oficiales. Pero era el pueblo —campesinos, artesanos, comerciantes de los mercados— quien producía la comida, construía las casas y pagaba, con su trabajo y sus impuestos, el coste de mantener reinos y guerras. La historia de un siglo no es solo la historia de quienes mandan.

Dónde se puede ver esto todavía hoy

La frontera entre Portugal y España, una de las más antiguas y estables de Europa, tiene una de sus raíces en el Tratado de Alcañices de 1297. Y los concejos y forales —los documentos que daban derechos y deberes a una villa— que empezaron a organizarse en esta época, dejaron nombres y tradiciones todavía reconocibles en muchos ayuntamientos portugueses.

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