Guardar lo privado — Ética, 4–6 años
Aprender que algunas palabras, imágenes e información del cuerpo pertenecen a una persona y no deben compartirse.
Qué significa la privacidad
La privacidad significa que una persona puede elegir qué cosas personales se quedan con ella y cuáles se pueden compartir. Pueden ser su cuerpo, un dibujo, un mensaje o una historia familiar. Respetarla es no mirar, enseñar ni contar sin permiso, salvo cuando un adulto de confianza debe ayudar a mantener a alguien a salvo.
Por qué necesitamos privacidad
Sin privacidad, las personas pueden sentirse observadas, avergonzadas o sin control sobre sus historias y sus cuerpos. La idea nació de un problema sencillo: compartir algo sobre alguien puede afectarle aunque quien lo comparte solo sienta curiosidad o entusiasmo. Un límite claro ayuda a sentirse seguro y a controlar la información personal.
Una imagen privada
Noah dibuja a su familia y deja el dibujo sobre la mesa. Ava lo encuentra y quiere enseñárselo a todos. Pregunta: «¿Puedo enseñarlo?». Noah dice que no. Ava lo deja donde estaba y no hace una foto, porque Noah decide si lo comparte o se lo guarda.
El error comprensible
Un error común es pensar: «Si lo vi, puedo contárselo a todos» o «Es gracioso, así que no hace daño». Es comprensible, porque las noticias emocionantes dan ganas de compartirlas deprisa. Pero ver algo no significa ser su dueño; y hay que contárselo a un adulto de confianza si el secreto incluye peligro, amenazas o tocamientos inseguros.
Dónde aparece
La privacidad importa en el baño, en el médico, al vestirse y cuando alguien te enseña un dibujo o cuenta algo de su familia. También importa con móviles y tabletas: pide permiso antes de hacer o compartir una foto. La seguridad no es lo mismo que cotillear; los adultos pueden necesitar información personal para proteger a alguien.
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