Las corrientes oceánicas: ríos en el mar — Ciencias de la Tierra, 11–13 años
Las corrientes oceánicas transportan agua del mar a grandes distancias. El viento impulsa muchas corrientes superficiales, mientras que las diferencias de temperatura y salinidad ayudan a mover el agua profunda.
Qué es una corriente oceánica
Una corriente oceánica es un flujo amplio de agua marina, no una sola ola. Las corrientes superficiales las impulsan sobre todo los vientos, mientras que las profundas se forman cuando el agua se enfría o se vuelve más salada y, por tanto, más densa. Las corrientes pueden transportar agua cálida, fría, salada o rica en nutrientes y conectar zonas lejanas del océano.
Por qué importan las corrientes
El océano absorbe y redistribuye calor, por lo que las corrientes ayudan a llevar energía desde regiones cálidas hacia otras más frías. También transportan nutrientes que sostienen las redes alimentarias marinas e influyen en dónde se encuentran los peces. Los marineros descubrieron estas rutas hace mucho porque una corriente podía acelerar o retrasar un viaje aunque el viento fuese parecido.
Una corriente cambia un viaje
Un barco recorre 120 kilómetros hacia el este mientras el agua se mueve hacia el este a 10 kilómetros por hora. Si la velocidad del barco en agua quieta es de 20 kilómetros por hora, su velocidad respecto al fondo es 30 kilómetros por hora y el viaje tarda 120 ÷ 30 = 4 horas. Contra la misma corriente, la velocidad es 20 − 10 = 10 kilómetros por hora, así que el regreso tarda 12 horas.
La trampa: las corrientes son solo olas
Es razonable confundirlas porque ambas se ven en la superficie del mar. Una ola transporta sobre todo energía mientras el agua sube y baja localmente; una corriente transporta agua de forma más constante en una dirección y a lo largo de una distancia. Un objeto flotante puede subir y bajar con las olas y, aun así, derivar con la corriente.
Las corrientes fuera de la escuela
Quienes planifican rutas marítimas usan mapas de corrientes para calcular combustible y duración. Pescadores y científicos marinos las siguen porque transportan larvas, plancton, contaminación y calor. Los equipos de seguridad de las playas también vigilan las corrientes de resaca, que pueden alejar a los bañistas de la costa; normalmente es más seguro nadar paralelo a la playa que luchar directamente contra el flujo.
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