Principio, medio y final — Teatro, 4–6 años
Una obra sencilla tiene un cambio que ocurre con el tiempo. Algo inicia la acción, algo sucede a causa de ello y el final muestra qué ha cambiado o cómo termina el momento.
Una historia avanza en el tiempo
El teatro se entiende mejor cuando los acontecimientos tienen un orden. Al principio descubrimos quién o dónde; en medio, un deseo, una sorpresa o un problema cambia las cosas; al final vemos un resultado o un punto de parada. Las partes no tienen que ser largas.
Por qué el orden ayuda al público
Si el final ocurre antes de que el público conozca el problema, la acción puede resultar confusa. Ese es el problema que resuelven el principio, el medio y el final: ofrecen un camino por los acontecimientos. Así el público puede notar qué causó el cambio y qué ocurrió después.
Ejemplo: la manzana perdida
Principio: un conejo hambriento deja una manzana en la mesa y va a buscar un plato. Medio: vuelve, ve la mesa vacía y busca bajo el mantel; una ardilla señala una cesta. Final: el conejo encuentra allí la manzana y la comparte. El problema se convierte en solución.
La trampa: añadir sucesos sin cambios
Un niño puede añadir muchas acciones graciosas porque parece que más cosas hacen mejor la historia. Es razonable: los días reales tienen muchos sucesos pequeños. Pero una obra necesita un hilo. Si nada se desea, se pierde, se encuentra, se descubre o cambia, el público puede no entender la relación.
Dónde ayuda la forma de la historia
Las personas usan esta forma en obras cortas, títeres, libros ilustrados y cuentos contados en voz alta. También ayuda a explicar qué pasó: primero la puerta estaba abierta, luego el viento la cerró y finalmente alguien volvió a abrirla. Los hechos reales pueden ser más complicados, pero esta forma ofrece un comienzo claro.
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