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Mimo — Teatro, 7–10 años

El mimo cuenta una acción o situación clara sin palabras habladas ni objetos reales. Los niños aprenden a usar movimientos precisos, concentración e imaginación para que el público siga un mundo invisible.

Hacer visible lo invisible

En el mimo, el actor finge que un objeto, una pared o una acción están realmente allí. El público lo entiende porque el movimiento se mantiene constante: la mano encuentra siempre el mismo pomo invisible a la misma altura.

¿Por qué no usar palabras?

A veces una historia tiene que funcionar aunque las personas hablen idiomas distintos, o cuando no se puede oír el sonido. El mimo resuelve ese problema haciendo visible el significado con acciones que muchas personas reconocen sin traducción.

Abrir una puerta invisible

Leo hace mimo de abrir una puerta. Primero, fija su altura y posición con las dos manos. Después, busca el pomo, lo gira, tira, atraviesa y cierra la puerta en el mismo lugar. Si cada paso coincide, vemos la puerta.

Agitar las manos en el aire

Un error frecuente es moverse de forma vaga, como si los objetos invisibles pudieran estar en cualquier sitio. Parece lógico porque en realidad no hay nada allí, pero el público no tiene una forma ni un lugar que imaginar. Da a cada objeto tamaño, altura y posición fija.

Comunicarse sin hablar

El mimo aparece en películas mudas, espectáculos callejeros y señales que muestran acciones, como «lávate las manos». También ayuda cuando alguien está lejos o no puede oír, aunque los gestos pueden significar cosas distintas según la cultura.

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