Diseñar para las necesidades del usuario — Diseño, 11–13 años
Un buen diseño empieza por comprender a las personas que usarán algo, no por adivinar lo que quieren.
Lo que realmente necesitan los usuarios
Un diseño es para alguien, así que empieza por su situación real: qué hace, qué observa, qué le cuesta y qué valora. Preguntar, observar y escuchar suele revelar más que diseñar según tus propios hábitos. El objetivo no es complacer a todo el mundo, sino ayudar a un grupo concreto con una necesidad real.
¿Por qué empezar por las personas?
Muchos productos que nadie quería se crearon porque el diseñador supuso que todo el mundo vivía, se movía o entendía las cosas igual. Investigar a los usuarios resuelve ese problema de adivinación antes de gastar tiempo y materiales. También puede descubrir necesidades que las personas no cuentan hasta que observas lo que ocurre.
Ejemplo trabajado: una mochila escolar mejor
Un equipo quiere mejorar una mochila escolar. Primero observa a tres alumnos al prepararla y descubre que los libros se doblan, las botellas se caen y los objetos pequeños desaparecen. Pregunta qué importa más y elige dos prioridades: mantener los libros planos y encontrar rápido los objetos pequeños. Su siguiente boceto incluye un compartimento rígido y un bolsillo etiquetado.
La trampa: diseñar para uno mismo
Parece lógico diseñar lo que tú elegirías, porque tu propia experiencia está a mano y es fácil de recordar. Pero puedes tener una fuerza, altura, rutina o preferencias distintas de las del usuario previsto. Considera tu idea una primera hipótesis y compruébala con personas reales antes de llamarla necesidad.
Dónde aparece esto
Este enfoque aparece en aplicaciones, muebles, parques infantiles, señales públicas y utensilios de cocina. Una parada de autobús, por ejemplo, debe servir a quien espera poco, lleva bolsas o no puede leer letras pequeñas. Los diseñadores estudian esas situaciones para que una característica no excluya a nadie sin querer.
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