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Las reglas pueden cambiar — Educación cívica, 4–6

Una regla no forma parte de la naturaleza. Cuando una regla compartida ya no funciona bien, las personas pueden revisarla, proponer un cambio y probar la nueva versión con cuidado.

Las reglas pueden cambiar

Una regla compartida es un plan que hacen las personas para una situación, no un hecho permanente como el color del cielo. Si la situación cambia, puedes preguntar si la regla sigue funcionando y ayudar a mejorarla. La regla antigua no es sagrada: lo importante es cambiarla con cuidado.

¿Por qué cambiar una regla?

Las personas crean reglas porque un problema real necesita una respuesta compartida. Pero una regla puede crear otro problema: quizá la puerta del patio se cierre antes de que todos salgan. Revisarla permite conservar lo útil y arreglar lo que ya no tiene sentido.

Una regla se actualiza

La regla de la clase dice: «Solo dos niños pueden usar la pelota a la vez». Primero, te das cuenta de que la pelota está parada mientras ocho niños esperan. Después, propones cuatro jugadores, con un turno corto para cada uno. La clase lo prueba un día, comprueba si es justo y mantiene o cambia la regla.

La trampa: cambiarla a solas

Puede parecer tentador cambiar una regla a escondidas cuando te impide hacer lo que quieres. Parece razonable porque ves el problema en ese momento. Pero las demás personas quizá sigan el plan antiguo, y pueden aparecer confusión o peligro. Explica el problema e incluye a quienes comparten la regla.

Las reglas se actualizan en la vida real

Una biblioteca puede cambiar cuántos libros puedes llevarte cuando cambia su colección o su sistema de préstamos. Una piscina puede modificar las reglas de las calles al ver que hay demasiada gente en el agua. En ambos casos, se observa lo que ocurre, se explica el motivo y se anuncia la nueva regla.

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