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Promesas y compromisos — Ética, 11–13 años

Una promesa da a otra persona una razón para confiar en lo que dices. Cumplirla importa, pero también avisar cuando las circunstancias la hacen imposible.

Qué hace una promesa

Una promesa es más que decir lo que esperas hacer: invita a alguien a organizarse según tus palabras. Eso hace que tu decisión le importe incluso antes de actuar. Puede ser hablada, escrita o claramente entendida.

Por qué hay que cuidar las promesas

Las personas hacen promesas porque cooperar es difícil cuando nadie puede contar con nadie. Una promesa crea confianza y ayuda a que los planes funcionen, desde quedar con un amigo hasta terminar un trabajo en grupo. Si se hacen sin pensar, otras personas pagan el precio de haber confiado.

Cuando cambia una promesa

Prometes cuidar de tu primo el sábado. El viernes, uno de tus padres tiene que ir al hospital y ya no puedes hacerlo. Primero, reconoce que el plan cambió; después, avisa pronto a tu primo y al adulto; por último, ayuda a encontrar una alternativa segura. No cumpliste la promesa, pero actuaste con consideración.

La trampa: quedarse callado

Un error común es pensar que romper una promesa siempre es peor que admitir que no puedes cumplirla. Parece razonable, porque la fiabilidad importa. Pero el silencio impide que los demás cambien sus planes; avisar pronto y con sinceridad les da una oportunidad y demuestra que respetas su confianza.

Promesas fuera del colegio

Las promesas importan cuando unos amigos organizan un viaje, alguien acepta cuidar de una mascota o un equipo reparte una tarea. En cada caso, pregunta: ¿en qué confiará la otra persona y qué haré si no puedo cumplir? Así, una intención vaga se convierte en un compromiso fiable.

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