La empatía y las distintas perspectivas — Ética, 11–13 años
Las decisiones éticas suelen empezar al comprender que un mismo hecho puede vivirse de maneras distintas. La empatía ayuda a entender a otra persona sin fingir que toda acción es aceptable.
Comprender antes de juzgar
La empatía consiste en intentar imaginar qué puede estar sintiendo, pensando o percibiendo otra persona. No significa estar de acuerdo, disculpar un daño ni vivir exactamente lo mismo; significa tener en cuenta su punto de vista antes de decidir qué hacer.
Por qué importa la perspectiva
A menudo juzgamos a partir de lo que vemos y olvidamos lo que no vemos. Preguntar «¿Cómo puede parecer esto desde el otro lado?» puede revelar miedo, exclusión o información que falta, y hacer que la decisión sea más cuidadosa y cause menos daño evitable.
Un ejemplo en un trabajo en grupo
Maya dice que Leo es vago porque aún no ha añadido su parte al cartel. Primero, se detienen en vez de ponerle una etiqueta. Después preguntan qué ha ocurrido y Leo explica que estaba cuidando de su hermano enfermo. El grupo puede darle una tarea pequeña y asegurarse de que todos colaboran.
La empatía no es leer la mente
Un error frecuente es adivinar lo que siente otra persona y tratar la suposición como un hecho: «Estás enfadado conmigo». Parece razonable porque los gestos y el silencio dan pistas, pero las pistas pueden engañar. Es mejor preguntar: «Pareces callado, ¿quieres contarme qué pasa?» y escuchar.
Dónde ayuda
Ponerse en el lugar de otra persona ayuda cuando una amistad se complica, cuando alguien nuevo entra en un grupo o cuando una discusión se extiende por internet. Antes de responder, imagina cómo puede recibir el mensaje y pregunta qué información falta. Así, un malentendido pequeño no tiene que convertirse en una pelea pública.
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