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Consentimiento informado — Ética, 14–17 años

El consentimiento es más que no decir que no. Es un acuerdo libre y claro de alguien que entiende qué se le pide, puede cambiar de opinión y no está siendo presionado ni engañado.

Un sí verdadero

Para que el consentimiento sea real, la persona necesita información suficiente sobre la decisión, una oportunidad verdadera de decir que no y libertad frente a amenazas o presión injusta. Aceptar una cosa no significa aceptar todo. El consentimiento también puede retirarse después.

Por qué el acuerdo necesita comprensión

Sin consentimiento informado, una persona puede usar el cuerpo, el trabajo, la información o la confianza de otra ocultando el coste real. Preguntar antes respeta a otra persona como alguien capaz de decidir, en vez de tratarla como una herramienta. También evita disputas posteriores sobre lo que se acordó realmente.

Compartir una foto privada

Leo envía a Noor una foto divertida en un chat privado. Sam le pide que la publique en un grupo de 200 personas. Leo pregunta primero a Noor, explica quién podría verla y acepta su no. Aunque la foto parezca inofensiva, el público del grupo cambia la decisión; el mensaje privado no autoriza automáticamente a publicarla.

La trampa del silencio

Un error común es tratar el silencio, la duda o un sí nervioso como permiso claro. Es comprensible porque muchas personas evitan conversaciones incómodas y suponen que sus amigos hablarán. Pero la presión puede dificultar la respuesta. Cuando la decisión importa, pregunta claramente y haz que rechazar sea seguro.

Permiso en la vida cotidiana

El consentimiento importa al hacer una foto, pedir prestado un objeto, grabar una voz, compartir un secreto o cambiar el trabajo de alguien. No es una palabra mágica que resuelva toda cuestión ética: alguien puede aceptar sin conocer información importante. Lo correcto es explicar qué ocurrirá, quién participará y cómo detenerlo.

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