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Incluir a los demás — Ética, 7–10 años

Incluir significa hacer un lugar real para que las personas participen, en vez de decidir que algunas no pertenecen al grupo.

Un lugar en el grupo

Incluir a alguien no es solo dejarle estar cerca. Significa comprobar si puede entender el juego, llegar a los materiales, hablar y tener una participación importante. El grupo quizá tenga que cambiar el plan para que todos participen, manteniendo la actividad segura y posible.

Por qué excluir es un problema

Los grupos suelen formarse deprisa alrededor de intereses, habilidades o amistades antiguas. Eso resulta fácil para quienes ya están dentro, pero puede dejar a alguien solo y privar al grupo de nuevas ideas o de una oportunidad justa de participar. La inclusión nació de la necesidad de vivir y trabajar con personas que no son exactamente como nosotros.

Cambiar el juego

Cuatro niños juegan con una pelota, pero Leo no puede correr tan rápido como ellos. Primero le preguntan qué le ayudaría. Eligen una regla: Leo empieza con la pelota y todos tienen que pasarla antes de marcar. Así Leo tiene un papel real, los demás siguen teniendo un reto y el grupo comprueba si la regla funciona.

Amabilidad no es lo mismo que inclusión

Un error frecuente es decir: «Puedes unirte», pero no dar a la persona nueva un turno, una explicación ni una tarea importante. Ocurre porque la invitación suena acogedora, mientras que la actividad sigue organizada igual. Fíjate en lo que la persona puede hacer de verdad, pregúntale qué necesita y adapta la actividad.

Inclusión en lugares cotidianos

La inclusión aparece en los juegos del parque, las invitaciones de cumpleaños, los trabajos en equipo y las conversaciones familiares. Puede significar explicar una regla no escrita, elegir un lugar accesible o dejar espacio a una voz más callada. Fuera de la escuela, los buenos grupos no hacen que todos sean iguales: quitan obstáculos evitables para participar.

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