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Cambiar una constitución — Educación cívica, 11–13

Descubre por qué una constitución puede cambiar, pero normalmente mediante un proceso más difícil que el de una ley ordinaria.

Una constitución puede actualizarse

Una constitución fija las reglas básicas del poder, los derechos y las instituciones públicas, pero no siempre queda congelada para siempre. Cambiarla significa añadir, eliminar o modificar una de esas reglas mediante un procedimiento especial. La idea es permitir que la sociedad se adapte sin que una mayoría temporal pueda reescribir los fundamentos con facilidad.

¿Por qué hacer más difícil el cambio?

Las leyes ordinarias pueden necesitar cambios cuando cambian las circunstancias, pero las normas constitucionales afectan a todo el mundo y orientan decisiones futuras. Si pudieran modificarse tan rápido como una norma común, un gobierno con una mayoría pequeña podría eliminar protecciones antes de que sus oponentes reaccionaran. Una mayoría especial, más de una votación o la aprobación pública pueden exigir un acuerdo más amplio.

Una enmienda propuesta

Imagina que una constitución exige dos tercios de una asamblea de 90 escaños y después una votación pública. Dos tercios de 90 son 60, así que 55 apoyos no bastan. Si 64 miembros la aprueban, la propuesta supera la asamblea, pero todavía no forma parte de la constitución. También debe ganar la votación pública según las reglas: un paso no sustituye todo el proceso.

Una constitución no es intocable

Algunas personas creen que una constitución nunca debe cambiar; otras piensan que cualquier mayoría elegida puede modificarla cuando quiera. Ambas ideas son comprensibles: la estabilidad protege, pero los problemas nuevos exigen adaptación. La cuestión clave es el procedimiento y sus garantías. El cambio debe ser posible, pero difícil de aprobar con prisas y abierto a un examen público cuidadoso.

Leer con cuidado las propuestas de cambio

Puedes encontrarte con una enmienda constitucional en las noticias, en un debate de clase o en una votación pública. No la juzgues solo por su título atractivo. Comprueba qué norma cambiaría, quién ganaría o perdería poder, qué protecciones podrían verse afectadas y qué pasos faltan antes de aprobarla. Así distingues un cambio profundo de un debate sobre políticas ordinarias.

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