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Intercambio gaseoso: difusión a través de superficies finas — 14–17

El oxígeno y el dióxido de carbono atraviesan superficies especializadas por difusión. Los pulmones, las branquias y las hojas eficaces ofrecen una superficie grande, húmeda y fina, y mantienen una diferencia de concentración.

Los gases se dispersan a través de una frontera

El intercambio gaseoso es el movimiento de oxígeno y dióxido de carbono entre un organismo y su entorno, o entre la sangre y los tejidos. Las moléculas se difunden desde donde están más concentradas hacia donde lo están menos, a través de una barrera muy fina.

¿Por qué hace falta una superficie especial?

Un animal grande no puede depender solo de que los gases atraviesen su piel exterior: la distancia hasta las células profundas es demasiado grande. La evolución favoreció muchas veces superficies plegadas o ramificadas, porque más área y menos distancia aceleran la difusión.

Seguir el oxígeno por un pulmón

Inspiras aire con aproximadamente un 21% de oxígeno. En un alvéolo, la concentración de oxígeno es mayor que en la sangre que llega, así que el oxígeno se difunde por la pared húmeda, de una célula de grosor, hacia un capilar. El dióxido de carbono va en sentido contrario y se exhala.

La trampa de confundir respirar con absorber

Respirar mueve el aire hacia dentro y hacia fuera, pero eso por sí solo no introduce oxígeno en la sangre. El intercambio gaseoso ocurre en los alvéolos, donde una diferencia de concentración, la humedad y una barrera fina permiten la difusión; mover aire y difundir no son lo mismo.

Deporte, altitud y acuarios

Durante el ejercicio, los músculos usan oxígeno más deprisa y producen más dióxido de carbono, así que aumentan la respiración y el flujo sanguíneo. A gran altitud, la presión del aire dificulta captar oxígeno. En un acuario, una bomba mantiene el agua circulando sobre las branquias.

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